En una hoja de hierba veo al mundo,dijo el viejo Withman,y Facundo Cabral, amigo mío,declaró haberlo amado \"hasta el plagio\" por eso.Después vino Neruda pero, a pesar de él,no se acabaron los poetas.Es que más de alguno sostuvoque, después de esos colosos,uno de un siglo, otro de otro,nadie podría escribir un verso coherente.Sin embargo no fue así, porque ellos mismosincentivaron, a los jóvenes,y les dieron las armas para librar batalla.Withman inició a Neruda en el misterio que lo haría,a la postre, el padre del verso libre, el gran recogedor de caracolas,el hombre de las flechas ardidas, el militante fiero, y el dueño del canto general.Nuestra divina Gabriela caminó, junto a Borges,por una típica calle del Gran Buenos Aires,y tal vez conversaron del destino del mundo que cabe en una hoja de hierba, tierna y sencilla, como dijo el Padre.José Hernández cabalgó las pampas misteriosas,en el brioso caballo de los gauchos rebeldesy nuestros aborígenes poetas,escribieron, con hechos,la gesta más heroica que América conoce.Los esclavos cantaron sus canciones, sentidas,y el continente, negro, puso sus letrasa fuerza de látigo y sangre, de capataz y cepo,en la verde poesía de este continente que nace, nace y nace.Hoy amanece aquí un poema, mañana, allá nace un poeta, en una cuna pobre,y un abogado, que yo conozco,entre un alegato y otro, escribe un libro llamado:\"Mañana los vencidos\".Poesía, pura, de la tierra,en la voz de un poeta popular llamado Lázaro Salgado,que, guitarrón, en ristre, caminó por los camposrecogiendo vivencias de lo humano que cantaba en sus décimas divinas.Nuestra Violeta Parra, sufriente y dolorosa,metía, en su cabeza, una bala mortalque, en vez de quitarle la vida, la llevóhasta la cima de la inmortalidad,donde debe estar, hoy, con los que he nombrado en este canto,haciendo poesía o discutiendo de cómo hacer,del pueblo, el poema mejor.el hombre de Purén, nos dejó su \"Libro de Paloma\"ave de blancas alas,tiempo de volar por el indígena territoriode este Chile elegido para la poesía integral, que nace en Temuco para correr el mundo.No hay cielo más azul que el cielo en un poema,ni colores más vivos que los de la pollera de nuestra mujer criolla, cuando baila, en la fiesta,de tambor y guitarra, de esta América nueva,que tiene tanto canto, tanta sangre en las venas.Yo soy cantor audaz, de guitarra chilena,latinoamericana, blanca, sencilla, buena.No puede ser de otra manera, porque mi audacia nacedel ejemplo de los Maestrosque nos dejaron preparado el terreno, algún día,cantando como hago, yo, hoy, bajo estos árboles,para después poner, en una nota,la esencia pura, de esta América mía.