Un día se aparecióun viejo con ropa rojacon una tremenda barbay, en vez de chalas, dosbotas. Era gordo y colorao,y una campana tocaba,de repente apareciócuando nadie lo esperaba. Llevaba un saco rellenocolgándole por un hombroy cantaba Jo, Jo ,Jocausándonos puro asombro. Nunca lo habíamos visto,y tampoco a su carreta,tirada por unos bueyescon cachos como de horqueta. Dijo que andaba apurao,y como no hay chimeneatuvo que tocar la puertay llegar como se puea (dijo) Por suerte que no lo vieronlos perros, que son rebravos,porque otro sería el cuentosi lo hubieran olfateao. Parece que su ayudantele erró con la direccióny jué a dar a nuestra casasin ninguna invitación. Aquí no lo conocimosle dijimos, pero igual,pase y tómese un traguitoque estamos en Navidad. Venía del Polo Norte(por eso andaba abrigado)así que pa’ la calorse tomó un vinito helado. Con aguardiente, helaítotaba el mote con huesillosasí es que le hizo chupetey se tomó dos potrillos. Después, medio con la caña,se encaramó en su carretay se las echó pal nortecantando una pata’e cueca. Ahí me saqué el sombrero,le pegué la saludá,y se le veida de lejosla nariz más colorá. Cuando se jué por el airecon su trineo y sus renosrecién me vine a dar cuenta(p’tas) de que era el ViejoPascuero.