| | (Letra y Música: Tulio Mora Alarcón) Discografía 23. MÁS CHILENO QUE NUNCA 60. EL CAMINERO MENDOZA | en él, estabas tú. Traías tu corazón, de alas celestes, y tus ojos de luz sin tiempo. En un principio fue, precisamente el verbo, con él, venías tú. Con tu luciente pentagrama de auroras musicando el futuro del hombre, acomodándose al habitante, a sus dolores, a su pena sideral, a sus lágrimas, a su pobre lengua apenas proyectada. Así llegaste tú. Trayendo, de la mano, la melancolía, lleno de tiernos y agudos verbos, arsenal infinito, con tu pluma transparente y agitada, con tu espada, de fuego, para vengar al reino, para empezar la vida, para salvar al hombre. En un principio fue el verbo, en él estabas tú. Concebiste tus edades estelares aprendiendo a esperar nuevas etapas. Fuiste al final del universo oscuro y ciego, intuiste el bien y el mal. El dueño del bien venía llegando, el amo del mal alimentaba, ya, su canalla. Hermano, pensaste. Desde entonces comprendiste el problema. Vino una nueva orden, otro mandato, el Verbo dijo: Sea la Luz, con ella bajaste tú. Traías una flor en los labios, tu ígnea espada manantial y el arco del amor con su estela infinita. Así venías tú. Primero nació la flor, con tu palabra, la alegría de su advenimiento, quizá la tristeza de su brevedad, o el temblor de su miedo. ¡Hermano! dijiste. Dejando la flor, abriste los brazos para saludar la sonrisa, conociste el mensaje del apretón de manos, te hiciste obrero del mundo, predicaste la libertad, el entendimiento, descubriste océanos lingüísticos, tu espada fue liberando reinos, hombres, mujeres, niños, continentes estelares, la jauría te alcanzó, nunca, el látigo de la sumisión no te tocó, luchaste como nadie, pulverizaste los aullidos con tu fuego, seguiste adelante tu camino pensativo. Tomaste la luz del tiempo, fundiste las edades, subiste al Machu Pichu para gritar, al mundo, el fiel significado de la palabra hermano, expresaste, emocionado, tu enorme amor americano, al hombre breve, frágil, universal y solo, removiste las ruinas con tu espada para interrogar acerca de la pobre vida. Piedra, en la piedra, buscaste la verdad. Nadie estuvo más alto, hermano luminoso, tu canto se hizo azul y tuvo la estatura de la alta cordillera recién recuperada. Se llenó de fe, sin límites, de esperanza, de rondas, celestiales, con niños anhelantes de música reivindicada. Del espíritu de paz para el hombre puro, La tierra una, el hombre uno. La palabra es la fuerza de la fuerza, quien la posea es invencible, la palabra. Con ella fuiste al espacio para explorar, para estructurar, allí, nuevos poemas. La palabra es el fuego de la vida. resurrección, cambio infinito, es la luz del principio, la palabra. Llama que da la vida, y la razón. Pegada, a nuestras pobres almas, la palabra es odio, venganza, muerte programada, persecución, angustia, el cruel destierro, orden, reconvención, condena. A lo lejos, es perdón, la palabra. El negro antiverbo apuntó su negro rayo a tu árbol de catedrales. Entonces supieron la verdad. Tu águila sideral nadie la alcanza. ¡Oh! Hermano. Hermano. Indígena celeste. Manantial andino. Canción perenne. Copihue universal. Joyero sensible. Libro de la justicia. Océano espiritual. Verso omnipresente. Pluma flamígea. Altura inalcanzable. Fusor del advenimiento. Cóndor vigilante. Atalaya del mundo. Grito libertario. Alegría del humilde. Corazón americano. Cosecha sideral. anillo indispensable. Valle de la abundancia. Alma del pueblo. Conexión espacial. Memoria de mil edades. Camino de la razón. Espectador del tiempo. Hermano Pablo Neruda, cósmico almácigo, el verbo ordenó, otra vez, inexorable: Vuelva la luz al infinito y, con ella, titilando, asombrado, en una lágrima te fuiste tú. | |