Epílogo
 

ACERCA DEL CAMINO DEL CANTOR
(Tito Fernández)


1990

Dedico este trabajo
al anónimo Cantor
que habita en el centro
de tu corazón.

 

 

INTRODUCCIÓN


Hay quienes han tomado el Camino del Cantor, alguna vez, y han decidido caminar por él sin tener muy claro lo que esto significa.

De esta manera unos emprenden el Acto del Cantor como un oficio y otros pretenden manejarlo como una profesión.

Así, con esa idea, se lanzan a una aventura improvisada que no resulta grata y que termina, generalmente, por hacer nacer el resentimiento en el corazón de muchos.

Entonces el Cantor se queja de que no tiene espacio para el canto, o de que siempre lo miran como el pariente pobre del espectáculo, o culpa a las Organizaciones de Cultura de no reparar en él y de no considerarlo como se merece, se queja de que su trabajo no tiene difusión en los medios de comunicación, etc.


Es posible que el que trabaja en el oficio de cantor tenga razón. Es posible que el profesional del canto también la tenga. Sin embargo no existe solución para su \'eterno\' problema. (Y digo \'eterno\' porque desde que tengo noción de este camino hay quienes se están quejando de lo mismo).

Es verdad que en un tiempo se abrieron nuevas puertas para el canto, pero sólo pasaron por ellas los que no se quejaban. Los \'quejosos\' continuaron, allí, quejándose y así continuarán por siempre, aunque se abran una y otra vez las nuevas puertas.

Y no puede ser de otra manera, porque ser Cantor no es una profesión ni es un oficio.


Don Atahualpa dijo, una vez, aclarándonos esto a muchos \'quejosos\' de ese tiempo, que ser Cantor era un DESTINO y que quien no entendiera eso jamás caminaría por la senda correcta.

Quien acepta su DESTINO de CANTOR se hace responsable de sí mismo, se hace cargo de sí mismo y no depende de otros. El es Uno con el Canto, es Uno con la gente y es Uno con la Naturaleza que es de donde se nutre.

Para cantar no necesita a los demás. Al contrario, los demás lo necesitan a él y él se DA con AMOR, CANTANDO.


Por eso es que hay quienes suben al escenario a buscar algo (desde la aprobación de la gente hasta la fortuna material) y hay otros que suben al mismo escenario simplemente a DAR.

A estos últimos no sólo los reciben con cariño, sino que se les abren las puertas más cerradas y les llega el suministro material en la misma proporción en que ellos DAN.


Yo he visto, muchas veces, a algunos de mis compañeros cantores quejarse de que hay poca gente en la platea y, con dolor, les he visto cantar menos canciones aduciendo que no vale la pena tanto esfuerzo para tan poco (¿?).


El que acepta su DESTINO de CANTOR no hace eso. El que aceptó su DESTINO de CANTOR va por la senda con una sonrisa y entrega su tesoro generoso.

Hace eso porque sabe que el canto no le pertenece. Porque sabe que el canto es de todos. Porque nadie es ni será, jamás, dueño particular del canto.


El CANTO le pertenece al pueblo y si, por alguna razón social, el cantor tiene que aparecer como autor de sus composiciones, este mismo cantor tiene muy claro que eso no es nada más que una exigencia social pero que la verdad es otra y jamás se engañará creyéndose dueño.

Agradece, entonces, al pueblo que te ha dado el canto. Toma tu destino de cantor y camina la senda sin quejas. Canta con toda la voz y no le mezquines nunca el canto a sus verdaderos dueños. Entrégaselo y entrégate con él. Defiéndelo de la injusticia y el atropello con todas tus fuerzas. No hay otra forma de hacerse merecedor del único GRAN PREMIO que no es otro que la maravillosa posibilidad de hacerse dueño del propio destino.

 

Tito Fernández.

 

 

1. El Canto.


Un día, mi guitarra andariega decidió echar a caminar por los rumbos de la patria y yo me fui con ella.
Había mucha juventud en mi corazón y una especie de misterio me rondaba de cerca.
Yo no sabía, entonces, que mi destino estaba ligado al sonido de sus cuerdas y que el canto iba a ser, para siempre, la expresión, única, de mí.


A través del canto me he comunicado con los pájaros, con el viento, con las estrellas y la luna. Me he comunicado con los ríos, con los valles, con el mar inmenso y con el árbol. Hasta con algunos hombres me he comunicado, aunque esa ha sido la parte más dura del camino.
Y no es que el hombre sea malo, sino que anda perdido en la forma y se ha ido olvidando, de a poquito, de la esencia de las cosas.


Pero ahí está el canto para volverlo a su centro.


Los académicos del arte, que todo lo cuadriculan, lo reglamentan, lo tecnifican, lo rotulan, lo personalizan, etc., son en gran parte responsables de la agonía del hombre que se siente, hoy, huérfano de todo.
Es que el canto nació con el hombre y es difícil precisar el límite entre el uno y el otro. Ni siquiera podríamos afirmar quién fue primero, porque el hombre bien puede ser sólo una pequeña nota del CANTO UNIVERSAL que un día dijo el Supremo Creador porque así lo sintió, también, dentro de sí.
No todos saben que el canto vive un poco más adentro del centro del corazón del hombre. Algunos creen que el canto es privilegio del intelecto y por eso se pierden en la forma y gastan la vida buscando en donde no hay que buscar.


El canto nace de la tierra y es el viento el que lo lleva, de una latitud a otra, de un corazón a otro, de una guitarra a otra. Por eso el cantor debe caminar la tierra y respirar el aire con respeto. Porque allí está la voz de Dios, el dueño de las cosas, el dueño del hombre, el dueño del canto y, por ende, el dueño de la vida.


 
 

2. El Cantor.


El cantor no es otra cosa que un traductor de la tierra. Por eso debe trillar la senda y hermanarse con los vientos. Después de eso puede comenzar a cantar o a desgranar el canto. Antes no puede hacerlo porque en el centro de su corazón (un poco más adentro) es sólo el paso y el aliento de vida lo que germinará en un decir único y trascendente.


EL CANTOR NO ES OTRA COSA QUE UN TRADUCTOR DE LA TIERRA, por lo tanto EL CANTOR NO ELABORA, SIMPLEMENTE TRADUCE y para eso hay que caminar y aprender el lenguaje de las piedras y del río. Hay que subir a las alturas y hermanarse con el trueno y el águila. Hay que saber del dolor y de la ausencia y hay que adiestrarse en el querer y la esperanza. Pero, por sobre todo, hay que buscar la maestría del amor.


Quien sea capaz de amar podrá cantar:


\"El canto no tiene dueño,
ni lo ha de tener jamás,
las coplas las trae el viento
quién sabe de qué lugar.\"

Tito Fernández.
 


El cantor no es otra cosa que un traductor de la tierra. Por eso el canto de la ciudad, aunque bello, no tiene permanencia porque la arquitectura, aunque es una hermosa forma de  arte, es considerada por el hombre, de hoy, como casi pura forma y la va cambiando, de tanto en tanto, sin permitirle desarrollar la mágica condición del dialecto comunicador, precioso, entre los hombres.



\"El hombre canta lo que la tierra le dicta.
El cantor no elabora, traduce.\"

Atahualpa.
 

Quien sea capaz de robarle a esa copla su esencia podrá cantar y será ladrón de amores ciertos, único robo que jamás será delito.


 
 

3. Acerca de la disciplina necesaria.


Por sobre todas las cosas el cantor debe disciplinarse y esta disciplina, necesaria, comienza por el RESPETO.


Respeto por la naturaleza y sus criaturas. Respeto por la gente y sus costumbres y, en consecuencia, respeto por sí mismo.


Si el cantor no se tiene respeto no llegará, jamás, a descifrar el misterio de la copla, nunca será cantor en esencia y en verdad.


El cantor debe respetar la raíz del canto y si algo le añade que esta \" añadidura \" provenga de su corazón y sea para engrandecer el canto recogido.


Nuestra Violeta Parra nos dejó las Leyes Fundamentales que rigen el destino del cantor y los que vamos por la buena senda deberemos tenerlas, siempre, en cuenta.

Violeta dijo:


\"Escribe como quieras,
usa los ritmos que te salgan,
prueba instrumentos diversos,
siéntate en el piano,
destruye la métrica,
sopla la guitarra y tañe la corneta,
la canción es un pájaro, sin plan de vuelo,
que jamás volará en línea recta.
Odia las matemáticas y ama los remolinos.\"


Pero esta tremenda libertad que nos señaló la Maestra también implica la responsabilidad de hacernos cargo de nosotros mismos y de nuestros actos.


Para recoger la copla el cantor se viste con su ropa de trabajo, pero para entregar el canto recogido debe vestirse con sus mejores galas porque ese día es el día de la gran fiesta del cantor y de su espíritu. Ese día es el día sagrado de la culminación de la tarea, cuando ha llegado la hora y el minuto de devolverle al pueblo lo que de él se ha recogido.


Si ese acto, solemne no es comprendido no habrá comunión entre el que canta y el que escucha y no habrá comunión entre el que da y el que recibe.


Sin la disciplina del RESPETO no existirá el CANTOR.

 
 

4. De los recuerdos.


\"El pasado pasó y el mañana tal vez no llegue nunca\". Sólo existe el presente y esa es una verdad inevitable.


No es difícil comprender eso. Sin embargo, en esta Era de profesionalismo sin mensaje, donde los hombres del arte buscan muchas veces el brillo superficial, la posesión del oro, el halagar su vanidad levantando su nombre en grandes titulares, a veces es útil escuchar la voz del corazón que clama por algún recuerdo. Así, por obra y gracia de la mano del cantor, el pasado se convierte en hoy y nada se ha perdido.
QUELENTARO señaló la única verdad:


\" Aunque pasen los años y se cambien costumbres, el hombre ha de volver con su canto a la tierra.\"


Y esa copla pura, nacida de la verdad del hombre, debería servirnos para meditar acerca de nuestro propio paso por esta senda \"de andares disparejos.\"


La copla de QUELENTARO no nos habla de retroceso, nos habla de un hoy permanente donde el hombre se nutre de su raíz y por lo tanto crece fuerte y altivo alimentado por la propia tierra como lo hizo, alguna vez, en forma natural.


Los recuerdos le sirven al cantor mientras no se conviertan en la fuente única para saciar su sed de canto.


 
 

5. La loca.


Una vez escuché un cuento, de esos que se van desparramando por la geografía del planeta y andan de un lado para otro sin irse, nunca, de ninguna parte.


Tal vez el tiempo y el pasar de boca en boca hayan desdibujado su forma, pero la esencia ha quedado y estará allí, siempre, porque es un cuento demasiado canto como para desaparecer o desdibujarse por más que el hombre meta mano en él.


Habla de una mujer muy hermosa enamorada, perdidamente, de un caminante que un día acertó a pasar por su poblado y que enloqueció de amor cuando el hombre reanudó su peregrinar en busca de un destino que nadie conoció.


\"Allí quedó la loca mendigando un pan, de puerta en puerta, hablando en un lenguaje incoherente y riendo, a veces, quién sabe si por un recuerdo bello o por algún dolor.\"


El cuento dice que una noche la loca sintió que iba a ser madre. Estaba sola, en una cueva del cerro donde habitaba rodeada de perros y de sacos. Había una luna grande y la loca mirándola le dijo:

\"Mamá luna, dame un hijo que no muera nunca.\" Y la luna, que también es mujer, la escuchó pero no le dio una guagua, la leyenda dice que esa noche la loca parió un canto y que es por esa razón que el canto del pueblo no va a morir jamás.


 
 

6. Las guitarras y el canto de hoy.


Las guitarras, y el canto de hoy, repiten imitando sones y palabras que los viejos guitarreros desconocen, en un canto sin mensaje, sin tradición y, generalmente, sin paisaje.
La intención puede ser buena, pero el propósito de la cultura no estará logrado si no entra en el mundo, maravilloso, de las leyendas y las tradiciones que es donde está conservado el patrimonio cultural de todo pueblo.


Hay estudiosos, hoy, de la guitarra y el canto. Académicos de la forma y el virtuosismo que podrían engrandecer nuestra música y nuestro cantar si pusieran sus conocimientos al servicio del arte y este arte fuera conciencia y no lucimiento personal.


Es que no han caminado los caminos y, atrincherados detrás de un atril, detrás de un título de Doctor en Musicología, detrás de un escritorio de \"compositor famoso\" no podrán encontrar la esencia del canto porque el canto nace de la tierra y desde allí es desde donde el hombre lo recoge.


EL CANTOR NO ELABORA; TRADUCE. Por eso, en estos años, QUELENTARO está primero, porque dijo:


\"Aunque el tiempo corra
y se cambien costumbres,
a pesar de los años,
el hombre ha de volver, cada vez,
con su canto a la tierra.\"


Por eso, en estos años, JORGE YÁÑEZ va completando el \"decir\" porque cantó:



\"Por los caminos de Dios
dicen que canta el coplero
llevando, en su cancionero,
lo que el pueblo le enseñó.\"


Uno toma el canto de la misma tierra, el otro lo saca del corazón del hombre que lo tomó, también y alguna vez, del seno de la misma madre.


Ambos son los pilares del cancionero creador, nuestro, en estos días. Aunque no reciban honores ni sean invitados a las grandes fiestas oficiales de la mal llamada \"cultura.\" Ellos son y representan una obra. En ese mismo orden y multiplicados por todos los que van por esa huella.


Yo he tenido la suerte de conocer a ambos, y a muchos otros, por eso me atrevo a contarte de esta inquietud.


Si en la risa y la guitarra del Negro Medel, por ejemplo, no eres capaz de ver el canto, tendrás que revisar la dirección de tu paso y retomar la senda.


No hace mucho vi, sobre el escenario, a la preciosa Margot Loyola y me sentí orgulloso de nuestra patria, de nuestro canto, de nuestro quehacer.


Allí estaba ella, magnífica en toda su grandeza y sencillez. Pensé en Gabriela Pizarro y sus afanes, en La Batucana y su poesía pura, etc.


Así descubrí, otra vez maravillado, la esencia de la vida puesta en el canto de los hombres y las mujeres de esta tierra.


La guitarra y el canto, de siempre, deben ser CONCIENCIA y no lucimiento personal.

 

 
 

7. Despidiéndonos del Siglo Veinte.


Todos estos \"pensares y sentires\" que pongo en tus manos quisiera, también, ponerlos en tu corazón.
Muchos de los que lean estas líneas despedirán este siglo y recibirán el próximo con todo lo que eso significa.


Si no entramos al nuevo siglo con el canto en la sangre, vale decir como parte de nosotros mismos, corremos el riesgo de sucumbir a la tecnología y a las ideologías deshumanizadas que amenazan, incluso, con la destrucción del planeta.


¿Qué decir, entonces, de los valores?


Hace algunos días leí, en la prensa, un artículo que elogiaba a un grupo musical de jóvenes chilenos llamado \"La Ley.\"


Al parecer la intención del periodista era destacar las cualidades artísticas y musicales de ese grupo (indiscutibles) y señalaba que: \"han llegado a tal nivel de excelencia que cuesta distinguirlos de los grupos norteamericanos.\" (Sin comentarios).


La verdad es que muchos pasan por la tierra sin haberla \"traducido\". Llenan los escenarios, copan las pantallas de la Televisión, los Programas de Radio, acaparan la atención de todos con grandes titulares donde se lee su nombre, pero no han traducido el mensaje de la tierra. Son hijos del \"Marketing\" y lo más doloroso es que se sienten orgullosos de serlo.


Los micrófonos amplifican la voz, pero no le dan significado. El significado del canto está en el haber andado los caminos y en el haber sabido recoger la copla de la tierra.
Mientras más se acerca la guitarra a los micrófonos más se aleja de la verdad del canto y de su mágico hacer.


En este final de siglo nuestros artistas parece que prefieren ser los primeros entre los mediocres antes de ser los últimos entre los mejores.


Ese no es el rumbo.


 

 
 

8. De los Folcloristas.


La investigación folclórica es tarea demasiado seria como para tomarla como hobby o pasatiempo de fin de semana. No consiste en ir a un poblado apartado, con una libreta de notas, un grabador, una filmadora, etc. y autotitularse de \"folclorista.\"


Con esos elementos no se puede llevar el arte de parte alguna a parte alguna porque el arte está dentro de los cantores, dentro de los guitarreros, dentro de los bailarines, dentro de los artesanos de la greda, o lo que sea. NO ES EXTERNO.


Por eso se necesita una gran honestidad y un tremendo espíritu de servicio para enfrentar el desafío del folclorista, que es sacrificio puro.


Un campesino me dijo, una vez: \"vinieron los de la televisión, filmaron nuestra fiesta de Pascua y después la hicieron ellos allá en Santiago, pero ni se parecía...\"


Yo no quiero que se muera mi patria ni su gente por ausencia de valores nuestros. Por eso bendigo a quienes se han echado a caminar en busca de las tradiciones y no se quejan de los sacrificios y el escaso pago material. El pago viene después, pero no se nota porque nadie relaciona ese trabajo con el hecho de que haya nacido un niño en Quilicura y su madre lo haya bautizado Juan en vez de haberlo llamado Richard, posibilitándole, así, el acceso a su verdad.


Un folclorista necesita tres herramientas: Amor, Voluntad y Conciencia. En eso se parece al CANTOR.
 


 
 

9. La Herencia.


El Cantor debe tensar la cuerda de su guitarra para que dé la nota justa. No puede mentir y tensarla un poco más o un poco menos. Cada cuerda tiene su propia \"tensura.\"


Así mismo debe construir el canto. Sin \"acomodar,\" porque si lo hace estará mintiendo y si miente caerá degollado por su propia mentira y arrastrará, con él, a todos los que le creyeron.


Los jóvenes toman, siempre, la herencia que les dejan los más viejos. Aunque no lo reconozcan así es. Esa es una Ley Natural, de modo que hay que cuidar la herencia y no mentir.


Tensa tu canto a la \"tensura\" justa y así armonizará con la tierra, con el agua, con el fuego y el aire.



 
 

10. El \"enemigo\".


El Cantor tiene un sólo \"enemigo.\" OTRO CANTOR. Y mientras más poderoso sea ese \"enemigo\" más firme tendrá que cantar cada uno y más bello será el canto.


Esta suerte de enfrentamiento es mágica porque por cada cantor \"vencido\" hay un cantor que gana y por cada cantor que gana hay un pueblo que aplaude y canta por su boca.


No puedo terminar este \"sentir\" sin decirte que de la pena del \"vencido\" siempre nace, también una hermosa canción.


Un Maestro Cantor dijo: \"Todo lo que sufre canta y ese canto es bendito porque tiene su raíz en la victoria del hombre sobre la pena.\"


La verdad es que en este duelo no hay vencidos porque, si se enfrentan dos cantores, cualquiera que sea el resultado al final habrá dos hermosos cantos que devolverle al pueblo, primero y luego a la tierra para que los guarde en su seno y se los dé, cuando ella quiera, a otro buscador de Patria y Tradiciones que pase por la senda como pasé yo, un día, siguiendo a mi guitarra que casi se me fue con otro.


El Cantor tiene un sólo \"enemigo\" que lo obliga a ser mejor: OTRO CANTOR.


 
 

11. En el cielo.


El hombre campesino es muy querendón de su tierra y casi es uno con ella. Por eso es difícil que se \"aquerencie\" en otra parte.


Hay un viejo cuento, que leí o escuché por ahí, que habla de esto:

\"Dicen que una vez se murió un hombre muy bueno y se fue al cielo. Allí lo recibió San Pedro, con un gran abrazo, y lo invitó a pasar a la morada eterna.


El recién llegado se maravillaba de cuanto veía, hasta que reparó en dos hombres que estaban cargados de cadenas y encerrados en una especie de celda de cristal.


Desconcertado le preguntó a San Pedro si acaso en el cielo había también delincuentes o gentes que merecieran estar presos.


Entonces el Santo le respondió: Nada de eso, hombre, lo que pasa es que son campesinos y si los suelto, más tarde o más temprano, se me vuelven p\'al campo.\"


El hombre campesino es muy querendón de su tierra y es muy difícil que se \"aquerencie\" en otra parte.



 
 

12. Final.


Tal vez hayas reparado que en este trabajo de narrar, de pensar y de sentir, no he mencionado al indígena.


Es que el indio es la tierra misma y el origen de todo lo humano que canta.


Sin indio no hay canto ni cantor. Por eso, si buscas en el sendero de tu origen, inevitablemente vas a llegar al indio.


Alégrate, entonces, porque habrás encontrado la razón de tu impulso y esa razón es el primer latido de tu corazón de pájaro.


\"Viejo amigo cantor
de trigos y de alfalfas.
Alfarero, precioso,
del tiempo y las canciones.
Déjame que te rinda
mi homenaje, modesto,
en esta copla llena
de tantas intenciones.
Algún día, tal vez,
verás la luna
divorciada del sol,
mágicamente.
Entonces levantarás la voz
y habrá, en tu cuna,
Un universo, niño,
de canto permanente.


Tito Fernández.
 


Obras consultadas.


Violeta Parra.
Atahualpa Yupanqui.
Jorge Yañez.
Quelentaro.